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Capítulo 1

  • hace 4 días
  • 8 Min. de lectura

¿Y ese Beta que prometieron?

Cuando Lu Qingyan recibió la llamada de Lin You, apenas acababa de levantarse. Llevaba puesto un albornoz negro y, con aire perezoso, estaba en la cocina preparando fideos instantáneos.

Solo tenía diecisiete años, pero ya había superado el metro ochenta y cinco de altura. La luz dorada del sol entraba por la ventana de la cocina e iluminaba su figura. El albornoz negro estaba mal abrochado, dejando entrever sus abdominales y la piel bronceada debajo. Incluso bostezando mientras cocinaba los fideos, parecía como si estuviera en un set fotográfico tomando retratos.

Al contestar la llamada de Lin You, no pensó demasiado; creyó que lo estaba invitando a jugar al baloncesto. Estaba a punto de decirle que esperara un rato cuando escuchó la voz débil de Lin You al otro lado de la línea: “Lao Lu, necesito ayuda urgente… creo que tengo fiebre, no puedo levantarme. Ven rápido y llévame al hospital.”

Lu Qingyan se quedó perplejo.

Con lo bien que conocía a Lin You, sabía que, si no estuviera realmente tan enfermo como para no poder levantarse, jamás le pediría ayuda de esa forma tan quejumbrosa.

Lu Qingyan apagó el fuego sin dudar. “Espérame, voy para allá.”

Ni siquiera se preocupó por cambiarse de ropa; simplemente se puso una chaqueta negra encima, unos jeans, y salió de casa. Por suerte, la vivienda de Lin You quedaba justo enfrente, así que le tomaría apenas cinco minutos llegar caminando.

Cuando Lu Qingyan subió al segundo piso de la casa de Lin You, percibió de inmediato un aroma indescriptible: era como un perfume floral, suave y cálido, que se fundía en el aire y hacía que uno, sin darse cuenta, se sonrojara y sintiera el corazón acelerarse, al mismo tiempo que no podía evitar querer respirar más de ese olor.

Si hubiera un alfa allí, lo identificaría al instante como la feromona de un Omega, tan intenso que ya estaba rozando la concentración propia de un omega en celo.

Por desgracia, Lu Qingyan era un beta ajeno a esas sutilezas. Frunció el ceño, pensando que el ambientador de la casa de Lin You era demasiado dulce.

Aceleró el paso, subiendo de dos en dos los escalones hasta llegar a la puerta del dormitorio. Empujó la puerta y enseguida se dio cuenta de que el aroma en la habitación era aún más intenso, casi abrumador, y lo golpeó en la cara en cuanto entró.

Lu Qingyan aspiró sin querer y de inmediato sintió la cabeza un poco mareada, el corazón latiéndole más rápido sin motivo.

Se acercó rápido a la cama, y allí vio a Lin You acurrucado, envuelto en la manta como si fuera una bola. Al inclinarse a mirarlo, Lu Qingyan se llevó un susto.

El rostro entero de Lin You estaba teñido de un tenue rubor, sus labios estaban resecos, pero de un rojo vivo, y el cabello negro se le pegaba a la cara por el sudor. Sus ojos estaban húmedos.

Todo su cuerpo se encogía dentro de la manta, pero al ver que Lu Qingyan había llegado, sin ninguna reserva sacó la mano para pedir ayuda, indicando con un gesto: “Llévame rápido al hospital.”

“¿Cómo es que tienes tanta fiebre?” murmuró Lu Qingyan, y de inmediato lo sacó de entre las sábanas para ayudarlo a bajar de la cama.

El cuerpo de Lin You estaba empapado en sudor, la temperatura tan alta que resultaba alarmante. Nadie sabía por qué se había envuelto bajo tantas mantas. Vestía solo una camiseta blanca y unos pantalones cortos, dejando al descubierto muñecas y tobillos pálidos, y con ese rostro inocente parecía varios años menor que Lu Qingyan.

Lin You quiso bajar y caminar por sí mismo, pero en cuanto puso un pie en el suelo, las piernas le fallaron y no pudo sostenerse. Por suerte, Lu Qingyan lo vigilaba de cerca y lo sujetó con rapidez.

Sin pensárselo, lo alzó en brazos y lo llevó hacia la planta baja. Viendo la cara llena de frustración de Lin You, no pudo contener una sonrisa. “Deja de luchar, ya pedí un coche; está abajo. Ahora mismo te llevo al hospital.”

Derrotado, Lin You se recostó contra el hombro de Lu Qingyan. Pensar que él, el temido “Hermano Lin” de la Secundaria Jinnan, había terminado siendo cargado en brazos como una princesa por estar enfermo… solo de imaginar que se supiera, ya sentía que perdería toda su reputación.

Con un hilo de voz, lo amenazó: “Te lo advierto… si te atreves a contarle a alguien cómo estoy hoy, estás acabado. Como mínimo te daré tres palizas.”

Lu Qingyan replicó con sorna: “Primero tendrás que tener fuerzas para pegarme.”

Los dos intercambiaron unas cuantas réplicas y ya habían bajado. El taxi los estaba esperando. Lu Qingyan primero acomodó a Lin You en el asiento trasero y luego se metió él mismo.

“Conductor, a la Hospital Municipal N°1.”

Cerró la puerta y enseguida notó que dentro del coche también flotaba ese aroma floral persistente, como si proviniera directamente del cuerpo de Lin You. Sin poder evitarlo, se inclinó un poco hacia él, olfateó de nuevo y, frunciendo el ceño, preguntó: “¿Te pusiste perfume?”

Lin You le lanzó una mirada de reojo. “Perfume, mi trasero.”

El chofer era un Beta de unos cuarenta años. Al oír aquello, echó un vistazo al asiento trasero. Desde que aquel chico de camiseta blanca había subido al coche, ya se había dado cuenta: era un Omega a punto de entrar en celo. Y no entendía qué les pasaba a los jóvenes de ahora: ¿cómo era posible que estando en ese estado no se inyectara un inhibidor y, en vez de eso, anduviera por ahí como si nada?

Por suerte, él era un Beta; aunque percibiera esas feromonas, no sentía ningún impulso. Pero si en su lugar hubiera sido un Alfa… eso ya era otra historia.

Con ese pensamiento, el chofer se tomó la libertad de dar un consejo: “Chico, ¿se te acabaron los supresores y por eso vas al hospital? La próxima vez no salgas así sin tomar ninguna medida, es muy peligroso.”

Lin You y Lu Qingyan alzaron la cabeza al unísono, completamente desconcertados.

¿Supresores?

¿No eran esas cosas que solo los Omega necesitaban?

“Tío, se equivoca. Yo voy al hospital porque tengo fiebre. Los dos somos Beta, ¿para qué necesitaríamos supresores?” respondió Lin You, recostado débilmente sobre el hombro de Lu Qingyan.

Desde que habían nacido, tanto él como Lu Qingyan habían sido identificados como Beta. Claro que, con su rostro demasiado pálido y delicado, a Lin You lo confundieran con un Omega era algo bastante común, y él ya ni se sorprendía.

El chofer los miró con extrañeza.

Con todo ese aroma a feromonas impregnando el coche, ¿cómo podían ser betas? Ese chico tan joven… ni siquiera sabía inventar una mentira creíble.

Por suerte, pronto llegaron al Hospital Municipal Nº1. Lu Qingyan pagó apresuradamente la tarifa y bajó cargando a Lin You.

Lu Qingyan sacó cita en urgencias. Podría decirse que tuvieron suerte: ese día no había tanta gente en el hospital, así que no tardaron mucho en ser atendidos.

Sin embargo, mientras esperaba afuera cargando a Lin You, Lu Qingyan notó que varios jóvenes, hombres y mujeres, lo miraban una y otra vez. A juzgar por sus reacciones, eran alfas: en sus rostros se mezclaban la lucha y el deseo, y no dejaban de susurrar mientras miraban al Lin You en sus brazos, aunque no sabía qué era lo que decían.

Instintivamente, a Lu Qingyan le incomodó esa situación. Usó su chaqueta negra para envolver a Lin You, ocultándolo de las miradas ajenas.

El rostro de Lin You estaba cada vez más enrojecido, y hasta el aire que exhalaba se volvía ardiente contra el cuello de Lu Qingyan, cosquilleando como plumas y haciéndolo sentir incómodo. Pero al pensar que se trataba de Lin You, terminó por no darle importancia.

Cinco minutos después, por fin les tocó el turno.

Lin You seguía tan débil de piernas que no podía ponerse en pie. Ignorando sus protestas, Lu Qingyan lo levantó en brazos y lo llevó directamente a la sala de urgencias.

El médico de urgencias era un hombre joven. Echó un vistazo a Lin You y alzó las cejas: justo iba a decir algo sobre cómo podía estar en celo sin tomar ninguna medida, cuando escuchó a Lu Qingyan explicar: “Doctor, tiene fiebre. Muy alta.”

Después, el médico miró la tarjeta de consulta: en la casilla de sexo decía “hombre, beta, 17 años”.

Al instante, el médico empezó a sospechar.

“Un momento” dijo, sacando un detector del armario. Hizo un gesto a Lin You: “Extiende un dedo.”

Lin You obedeció dócilmente, y enseguida el aparato le pinchó la yema. Una gota de sangre roja fue absorbida por el detector, cuya luz de inmediato se tornó roja.

Lin You, tomado por sorpresa, hizo una mueca de dolor; su expresión se torció bastante.

Lu Qingyan presenció todo el proceso, y nada de aquello se parecía a medir la temperatura. De pronto, se puso nervioso: “¿Doctor, qué pasa? ¿No era solo fiebre?”

“No es fiebre” respondió el médico con calma. “Es que está en proceso de diferenciación, y eso provoca síntomas parecidos.” Dejó el detector a un lado, llamó por el teléfono interno a sus colegas del departamento de arriba para que bajaran a recoger al paciente, y luego explicó a los dos jóvenes, que lo miraban con cara de absoluta confusión: “En realidad él no es un Beta, sino un Omega. Lo que pasa es que su diferenciación llegó muy tarde. Es raro, pero no imposible. No se preocupen, es algo normal. Ya lo derivé al Centro Omega de arriba; enseguida bajarán por él. Ustedes solo esperen aquí.”

Al ver la expresión atónita de Lin You, el médico incluso trató de tranquilizarlo: “No te pongas nervioso. Por lo general, los Omegas que se diferencian tarde tienen un nivel de feromonas excelente; es algo positivo. Además, con tu novio acompañándote, tendrás el consuelo de las feromonas alfa durante la diferenciación, y eso te hará sentirte mucho mejor.”

Esa frase tenía demasiados puntos cuestionables; Lin You ni siquiera sabía por dónde empezar a refutar.

El género de alfa, beta u omega se podía determinar desde el nacimiento; solo una pequeña minoría podía experimentar una segunda diferenciación alrededor de los catorce años. Eso al menos lo sabía bien Lin You.

Pero él ya tenía diecisiete, había pasado hacía tiempo la edad límite para diferenciarse… ¿cómo podía de repente convertirse en un Omega?

Lin You, en silencio, le pellizcó la carne del brazo a Lu Qingyan, y esta vez fue el rostro de Lu Qingyan el que se torció de dolor.

“Doctor, de verdad soy un beta. Al nacer ya me lo diagnosticaron” Lin You, aún sin resignarse, intentó explicarse. “Además, la persona a mi lado no es mi novio, ni tampoco un alfa. Él, igual que yo, es un beta.”

El médico observó con cierta sorpresa a Lu Qingyan. Incluso sentado en la silla, se notaba que tenía los hombros anchos y las piernas largas, y que su altura superaba con creces el promedio de los chicos de su edad. Sus facciones eran de una clase de belleza agresiva, como la de un leopardo perezoso: parecía tranquilo, pero escondía un aire de peligro. Por eso, el médico había supuesto de manera instintiva que era un alfa.

¿Y resultaba que en realidad era un beta?

Mirando de nuevo al debilitado Lin You, que apenas podía apoyarse en Lu Qingyan, el médico sacó un nuevo detector y se dirigió a este último: “Mejor hazte tú también la prueba.”

Lu Qingyan: "……"

Pero, aun así, obedientemente extendió la mano.

El detector extrajo también de su dedo una gota de sangre; Lin You, curioso, levantó la mirada y vio cómo la luz del aparato emitía un “di” y se volvía verde.

El médico, por alguna razón, sintió que era una lástima.

“Él sí es un beta” asintió, confirmando la identidad de Lu Qingyan. Luego volvió la vista hacia Lin You. “Pero tú… tú sí eres un omega.”

Apenas habían caído esas palabras, la puerta de la sala de urgencias fue golpeada y entraron varias figuras con uniformes celeste.

“¿Aquí es donde está el omega que acaba de diferenciarse?” preguntaron.

El médico señaló hacia Lin You. “Aquí está, diecisiete años, masculino.”

Lin You levantó la cabeza aturdido, pero antes de que pudiera decir nada, varios miembros del personal lo colocaron en una camilla. Sintió un chorro de líquido frío en la nuca y luego le metieron una pastilla en la boca.

“¿Quién es el tutor?” preguntó uno de los enfermeros. Al ver que solo estaba Lu Qingyan, lo miró con extrañeza. “¿Tú eres el acompañante?”

“Soy su hermano mayor” respondió Lu Qingyan poniéndose de pie. Era más alto que todos ellos por una cabeza, y con su porte inspiraba bastante confianza. “Cualquier cosa, me lo dicen a mí.”

Desde la camilla, Lin You le enseñó a escondidas el dedo medio.

Otra vez haciéndose pasar por mi hermano mayor. Recordaré esto.


Eri<3



 
 
 

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